El Cinismo Jurídico

El cinismo jurídico que se nos quiere imponer (Nos mienten diciéndonos que el orden social está en las Leyes, cuando que tiene que estar «dentro de nosotros»)

La hiperjuridicidad, la exageración supersticiosa del poder de la Ley, por parte de algunos,

no es mejor que la A-JURIDICIDAD, o la ausencia total de la Ley (Anomia); pero, sí, responde al cinismo jurídico, o la utilización de la Ley para actuar en contra de los principios y valores en los cuales, realmente, se fundan el orden político y el orden social de la República.

La Ley está hecha para el hombre, y no el hombre para la Ley. (El «sábado» está hecho para el hombre   y no el hombre para el «sábado»)

La exagerada «juridicidad» quiere hacernos creer que el bien consiste en el mecánico cumplimiento de las normas legales, decidiendo, erróneamente, nuestros actos en virtud de recetas dogmáticas   establecidas  de una vez para siempre, cuando que, lo realmente «ético» es nuestra tendencia hacia nuestra perfección, a nuestra adaptación, a cada momento,  a nuestro propio bien, y no nuestra simple adecuación a normas abstractas;

Así, todas las leyes señalan la primacía del INTERES SOCIAL, por sobre el INTERÉS INDIVIDUAL, establecida en la misma Constitución Nacional, que dicen defender, y a la que torpemente niegan, por supino «desconocimiento» o elemental «malicia”.

Allí está, lo estipulado en función de la protección primordial del Derecho a la vida como inherente a la persona humana, Art.4to. C.N.  (Nos pasó con las muertes por pandemia).

El mandato de que «la Ley regulará las actividades susceptibles de alteración ambiental«, Art. 8 C.N.(Aglomeraciones), y   la afirmación de que “El Estado protegerá y promoverá la salud de las personas como derecho fundamental y en interés de la comunidad” Art.68 C.N., deja claramente establecida la indiscutible jerarquía de interés general por sobre el interés particular.

Podemos observar que, los paraguayos, solemos tolerar y perdonar, hasta irónicamente, la malicia y la ignorancia. Pero, nos es casi imposible aceptar la presunción y la petulancia, con las que se manejan algunos muy «doctos» políticos, ocurrentes periodistas, y calificados abogados «constitucionalistas”.

Miguel Ángel Montaner. Presidente del Partido Demócrata Cristiano del Paraguay.