EL TRABAJO

El medio de comunicación digital Mayoría, festeja el Día Internacional de los Trabajadores reflexionando sobre el trabajo y sus dimensiones; etimología, valoración, trabajo y vida humana, psicología del trabajo, filosofía del trabajo, dimensión jurídica del trabajo, la sociedad y el trabajo, por último, el trabajo y la concepción del mundo. Para ello transcribimos las palabras del filósofo e intelectual paraguayo Bacon Duarte Prado.

 

El trabajo es una actividad consciente, intencional y utilitaria, para la creación de un bien o servicio predominantemente económico, susceptible de representar un  valor ético, estético e intelectual,  realizada  por el hombre  por  medio  de  una  energía  física  y mental. Es un hecho de naturaleza volitiva o intencional, porque’ si ello faltare constituiría solamente una serie de movimientos mecánicos, como en el caso del que una persona cogiera a otra de la mano y le obligara a efectuar ciertas operaciones,  o la  divagación  voluble de imágenes e ideas. El trabajo en todos los casos es el resultado de una voluntad libre encarnada en una intención cierta. El condenado a trabajos forzados, aunque prima facie no lo parezca, en puridad está realizando su trabajo en forma libre, pues siempre le resta la opción a abstenerse recibiendo la condigna sanción. Por la intencional adherida al ‘fenómeno laboral el trabajador se anticipa en una representación mental el resultado que espera  obtener  por  medio de la movilización inteligente de sus energías.  Todo trabajo supone, de esta guisa, un elemento ideal  que promueve la intención, «el resorte dinámico  de la voluntad«. Ese elemento ideal es una forma o estructura, una especie de bosquejo o esbozo que contiene los movimientos o actos sucesivos que integran  la  tarea por  realizar.   Este esquema  que es  anticipación  del trabajo propiamente dicho, actúa  en  la  conciencia  como un «motivo» de la correspondiente decisión volitiva . Motivo que puede ser ejemplificado con el plano confeccionado por un arquitecto con  eI  designio de construir una casa; ese plano corresponde al esquema anticipador  de  la  intención  en  el  trabajador.

El  objetivo  práctico  y  utilitario  integra  también por  modo  determinante,  la  esencia  del  trabajo.   Compárese  la caminata  que  realiza  diariamente  el  repartidor de correos, y la que igualmente ejecuta  un  deportista  para  su  entrenamiento con  la  expectativa  de  una competición.   Lo que  hace  el  atleta  es deporte,  juego, actividad   de  lujo,   en  tanto  que  el repartidor  realiza propiamente  un trabajo.   Lo que en definitiva hace que una actividad  sea  o  no  un  trabajo,  es  la  intención  y la  finalidad,   la   expectativa   de   un   resultado   objetivo y  subjetiva mente  valioso.  El trabajo  siempre  ha  de ser teleológico, o sea, encaminad hacia un  fin  práctico para quien lo realiza o para terceros que le demandan.        ·

ETIMOLOGIA Y VALORACION DEL TRABAJO

Según Corominas la palabra trabajar significó primitivamente «sufrir», «esforzarse», para luego evolucionar en su semántica  hasta  denotar  laborar, obrar. Lamentablemente para   mucha  gente  continúa  siendo válida la acepción originaria del término; son los que detestan cordialmente todo lo que significa un esfuerzo constructivo y alentador los que fácilmente se vuelven contra  la  sociedad  demandando  supuestas  reivindicaciones, para  quienes  el trabajo  es sinónimo de esclavitud, tortura, injusticia  humana  y divina.   Pero volvamos a la  etimología. Deriva esta palabra del latín vulgar  TRIPALIUM, que era  una  «especie» de cepo o instrumento de tortura; a su vez  TRIPALIUM  proviene de tres y palus, por los tres maderos cruzados en qué consistía   dicho  artefacto.

Este tinte sombrío y pesimista  que se adscribe al trabajo  es originario  de  la  antigüedad  y de  la  edad media, que consideraron al trabajo, como algo penoso, vil y degradante, incompatible con las altas calidades  del  hombre libre.  De ahí que adquiriera estatuto de una necesidad protegida  jurídicamente,  la  existencia de la esclavitud y otras formas inter medias como los siervos de la gleba, que reducían al hombre a la condición  de cosa, bestia  y mercancía.

El  menosprecio  o temor  infundado  al  trabajo  denuncia  inmadurez  psicológica  y ceguera  ante «los  caminos  abiertos  hacia  la  dignificación  del  hombre  por sus obras y sus esfuerzos.  Lejos  de ser esclavitud  o servidumbre, el trabajo justo es positivamente instrumento de  liberación  y  de  afirmación  individual  y  social.   El trabajo,  en  ese  sentido,  abre  las  puertas  al ocio productivo, su  consecuencia  inmediata,  creador  de la  cultura y de las formas superiores de existencia,  propiciador  del  descanso  reparador   y  de  las  sanas  expansiones del  espíritu.  Es energía  liberada  que  apunta a  la  perfección  de  la  criatura  humana,  señalándole  las  posibilidades  de  su  autorrealización;  por  el  trabajo el hombre se integra en el arquetipo ideal que responde al deber ser, al  sublimar  sus miserias  en  un hábito saludable  y  bienhechor.

¡Ay de  las  sociedades  que  subestima el  valor y la dignidad  del  esfuerzo  laboral;  ello  es preanuncio de  decadencia  y  de  frustración   de  su  sino  histórico.

El  trabajo  es  escuela  de  sobriedad,  de  estoicismo,  de equilibrio  emocional,  terapéutica  que  sustrae  de  las  inclinaciones   nihilistas   y  antisociales .

TRABAJO Y VIDA HUMANA

Las Sagradas Escrituras, en el Génesis, ponen  en boca de Jehová el anatema con que fulmina  a Adán por haber transgredido su  ley:  «Maldita  será  la  tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida«. Esta conminación introduce en la existencia humana un ingrediente: esencialmente  fatal: el trabajo, la actividad laboral, el esfuerzo por alcanzar el pan y  los  bienes  gratos  a  la  vida.  Castigo o no, el trabajo es constitutivo del hombre y su vida misma es una  cristalización  de  trabajos,  integración de esfuerzos,  tarea  de autoformación.

Según Ortega y  Gasset  la vida  auténtica  no  es la actividad biológica sino la que se plasma en «biografía», la existencia del yo dentro de su circunstancia. La vida es un avance hacia el futuro y una retrospección hacia lo pasado; la circunstancia  se resuelve en  un  sistema  de  posibilidades y trabas  al  quehacer humano, que debe fatalmente contar con  ellas.  La vida es futuración, proyecto, no es una realidad estática, definitivamente constituida en su entidad, sino fluencia, un ir siendo, un llenar de contenidos el esquema vacío que  es  la  vida  en  su  pura  posibilidad, un tránsito del ser a lo que debe ser a lo que se quiere ser. Y es libertad en su más plenaria  motivación porque en cada momento que transcurre debemos decidir  lo que  hemos  de hacer  o no  hacer,  es decir, ejercitar nuestra libertad intrínseca y metafísica, por propia cuenta; la vida es siempre y en todos los casos, elección entre dos o más posibilidades que nos plantea  la circunstancia,  «nuestro»  circunstancia.

Ahora bien; si la vida es Ia actualización de un proyecto,  la   explicitación   de  un   programa   vital,   el reencuentro del hombre con lo que ha de ser y que se halla  prefigurado  en  un  esquema  intencional  y  vocacional;  ese   proceso   de   autorrealización,   de   identificación  entre  lo  que  se pretende  ser  y  lo  que  se  alcanza a  ser, ha  de  estar  promovido  por  el esfuerzo intencionado  y  lúcido  para  arribar  a  la   meta  preconstituida. Y ese esfuerzo  intencionado  es el  trabajo  en  todas  sus formas;  trabajo  dirigido  hacia  el  propio  ser para  su perfeccionamiento,  y  trabajo  orientado  hacia   lo  exterior  para  contribución   al  desenvolvimiento  y  auge  de la  sociedad.  Un  movimiento  interno  de  instrucción  y educación,  y  otro  excéntrico  proyectado   a   la  colectividad  de  la  que  se  forma  parte.  El  trabajo viene  a ser  entonces  el  medio  específico  del  despliegue  de  la vida   h u mana,  de  la  auténtica vida  que  le  es  propia.

Ya  hemos  visto  que  todo  lo  humano  es cultural.

Para crear ese  repertorio  de valores  que  le pertenece en indubitable propiedad, el hombre va edificando con su inteligencia y su  músculo esa singular  estructura, con sus pilastras que denominamos Ciencia, Filosofía, Arte, Religión, lenguaje, Técnica; Estado, Derecho, Moral, Costumbres, mitos y leyendas. Estos engendros del espíritu humano (Hegel denomina a  la  cultura  «espíritu objetivo») son obtenidos del empeño creador y formativo del hombre, quien viene a ser «espíritu subjetivo» la cultura es evidentemente, trasiego, vertedero, impronta del trabajo; es trabajo objetivado, trabajo retenido, trabajo perennizado en obras que responden a una ineludible necesidad, a un sistema invariable  de  funciones  adheridas  a la  condición    humana.  El  trabajo  se  sitúa  entre  el  hombre  y  sus  obras;es vehículo eficiente de su expresión. El animal es actividad;  el  hombre  trabajo.

La vida es trascendencia, es decir, un ímpetu centrífugo incoercible por  salirse de sí m isma  y  derramarse en el  espacio  exterior,  en  el  mundo  en  torno; el traba jo viene a ser el primer  grado de trascendencia del ser humano. Trasciende de su  medio  natural, que comparte con los animales,  hacia el  mundo,  que  es ya una categoría cultural. El hombre es capaz de descubrir sus potencias creadoras y sus limitaciones que restringen el marco  de  sus  posibilidades,  por  medio del trabajo,  que  le  señala  el  rumbo  de  su  vocación; el  trabajo  acuña  su  propia   autenticidad.

PSICOLOGIA DEL TRABAJO

Psicológicamente considerado el  trabajo  se define como «el desgaste de energía en una acción muscular o mental, y «la producción de resultados fisiológicos o psicológicos  mediante  la  actividad  muscular o psíquica’ . Viene a ser la movilización  intencional y teleológica  de la  energía  humana.

El trabajo hace su aparición en  el  mundo  junto con el hombre; con el homo faber. La evolución  mental y social de la criatura humana es paralela a la de los tipos de trabajo que emprende para adaptarse y readaptar su medio ambiente.  A la hostilidad  inmisericorde del medio, en el alborar de la civilización, el hombre primitivo responde con un repertorio simple de desplazamientos  y  movimientos  con  qué  sortear  las dificultades que le salen al paso; muy  luego ,va descubriendo o inventando  herramientas  mas  o menos  rudimentarias con que se ayuda para dominar  las fuerzas naturales con que debe  contender.  La  inteligencia encuentra en las extremidades  superiores e inferiores, sus órganos de defensa y ofensa y de adaptación. En realidad todos los sentidos tienen como función primaria el descubrimiento de los peligros y asechanzas, y la determinación  de la  manera  de conjurarlos. En este sentido, la herramienta no es otra cosa que la prolongación mecánica y funcional de las extremidades superiores. El desarrollo mental del «homo sapiens» es correlativo al de su  destreza  manual,  y ésta va acompañada de la aparición de herramientas, instrumentos, aparatos y trabajos, cada vez más complicados y adecuados a la función que se les asigna. Entre un garrote de madera tosca y un vehiculo espacial o un cerebro electrónico, la diferencia es meramente de grado, no de especie; ambos elementos obedecen a u n mismo impulso y necesidad. La técnica viene a ser la creación de objetos que sirven como medios idóneos para la  realización  de  funciones  útiles al  desenvolvimiento  del  hombre y a su  bienestar.

¿Por qué mecanismos psíquicos el hombre «descubre»  la  función  específica  del  trabajo?  Puesto  en  su hábitat primitivo, en su radical desamparo, las funciones fisiológicas, que son perentorias como el hambre y la sed; las reacciones sensoriales a los estímulos del ambiente físico como el frío, la lluvia, la nieve y la ventisca; al hacerse consientes como necesidades, exigencias, demandas impostergables, en forma de estímulos directos a los centros nerviosos corticales, suscitan  una reacción mental encaminada a buscar en el contorno los medios para colmar esa carencia, por la propia actividad y por el procedimiento elemental del ensayo y el error, hasta conseguir sus objetivos con un mínimo de error  merced  a lo  memoria  asociativa y fijativa  cristalizada  en  experiencia    El mecanismo psicológico del trabajo es pues éste: estímulo del ambiente  que  se registra  en  los  centros  corticales  y vuelto consciente; reacción  mental en dirección a la solución del  problema;  y,  realización de  actos  o  movimientos capaces  de satisfacer  la  necesidad.

Las necesidades van surgiendo unas  de  otras  como las olas del mar,  ya  que  prácticamente  la  apetencia humana carece de límites; y  correlativamente  surgen los medios adecuados a  satisfacerlas. El  hombre con respecto a las necesidades  es como  si al  ir  andando, al propio tiempo fuese fabricando el camino por donde  transita.

FILOSOFIA DEL TRABAJO

El trabajo es siempre aplicación inteligente de energias;  no  hay  trabajo  por  generación. espontánea y que no responda a un objetivo previsto. En el campo de la lógica, el trabajo es un caso especial de aplicación del principio de la razón suficiente, el cual se define como la necesidad a que están sujetos  los actos humanos, de responder a una intención, necesidad, conveniencia, inclinación, que los promuevan, es decir, que medie entre la decisión y la realización del acto laboral, uno  razón  que  dé cuenta  de él.

El trabajo, al  ejercitarse  en  el  contorno  natural del  hombre,  lo  modifica  «impregnando  de  humanidad la naturaleza«, como dice Jules Vuillemin. Al ser un signo  de  la  libertad,  afirma  nuestro   poder  respecto de nuestra  circunstancia,  como  una  respuesta  consciente a las solicitaciones de nuestro ambiente físico y social.

El  trabajo  expresa  uno  ambivalencia  esencial  que a su vez refleja  el  sentido  paradójico  y  conflictivo  de la vida humana: el trabajo emerge de una  necesidad percibida, lo cual significa que nos esclaviza a nuestro medio, por lo cual  ofrece  una  arista  penosa  que  tiende a hacernos padecer; pero como el trabajo puede dentro  de  ciertos  límites,  transformar  o  modificar  el medio, y por ello afirmar nuestro poder y autonomía, libera un sentimiento de gozo provocado por la conciencia de la superación de la naturaleza. Es pues, un sufrimiento gozoso, con prevalencia final de la satisfacción. El trabajo torna visible  la  pendulacion  dialéctica entre el hombre y su contorno, al que convierte en  mundo,  circunstancia  o ambiente  cultural.

Expresa el mismo  Vuillemin  que  “el trabajo  es el acto ontológico que constituye  el  mundo». Es  esta una verdad de bulto; en efecto, sin el trabajo del hombre  la naturaleza  no  es más  que un conjunto  amorfo e inarticulado de cuerpos y movimientos; es la ‘inteligencia’ por  medio de su trabajo  especifico, la que pone orden y articulación  en ese totum revulutum, según preceptúa  Manuel  Kant, por medio  de las formas a priori de espacio y tiempo, y de las categorías del entendimiento.  Es así como  esa  totalidad  se integra  en un mundo, en cosmos, en unidad racionalmente captada  y expresable. El  trabajo  es el  signo  triunfante  de la  portentosa  fecundidad  del  hombre.  En tanto  que el  esfuerzo  animal  se  pierde en una  repetición  infinita y sin matices, la tensión  humana  fabrica su propio mundo, al cual aplica su propia  ley. Por        el  trabajo  el hombre se constituye en ser histórico,  porque la historia  es el  registro  del  cambio,  de  la  creatividad; del avance y  evolución  de su protagonista. La  variabilidad  es el ámbito de la  historia.

DIGNIDAD ETICA DEL TRABAJO

Ya se dijo: el trabajo es en si mismo un valor moral, y quien lo realiza es el hombre en su condición de persona. “La personalidad en el hombre, consigna el mismo Hartmann, consiste  en  que  éste  constituye  el punto de inserción del «deber ser» en el mundo de la realidad.   El  hombre  es constructor   reformador  y  configurador del ser». El trabajo del hombre se halla emplazado entre el ser (lo que es) y el deber ser.  EI deber ser es la referencia ideal, el  modelo al cual  debe tender el esfuerzo  laboral.   Del  talento  y  la  habilidad  técnica del trabajador  depende que su obra sea  una  creación o una imitación; en ambos casos, toda  vez que se refleje la  mejor  intención  en su  realización ,  es éticamente loable.    1

Tres son  los grados del  ser, como  lo define Antonio  Caso:  la  cosa,  el  individuo  y  l a  persona.  Sólo el hombre es persona, con valencia  ética y socia l; él mismo  afirma  un  valor. De  donde se  colige  que  tiene dignidad,  o como  dice  Kant,  es  un  fin  en  sí  m ismo. No puede ser  reducido  a  la  condición de  individuo, y menos  de cosa,  como en  la  esclavitud  y  otras  instituciones restrictivas de la libertad. Y si su portador y generador tiene dignidad y constituye  un  fin  en  sí mismo, igualmente ha  de  acontecer  respecto  del  trabajo. No es ni puede ser considerado como mercancía sujeta al pago a  destajo,  ni  identificar  al  trabajador con  una   máquina  cuya  alimentación   debe  establecer el salario mínimo; finalmente no puede someterse al obrero a reproducir en sí mismo la conducta de  un robot, automatizando sus movimientos  más  nimios,  como pretende el taylorismo. Estas posturas que denigran el trabajo  representa n  un  anti-humanismo  retrógrado y  recalcitrante.

DIMENSION  JURIDICA  DEL  TRABAJO

El trabajo constituye un bien, un valor, un servicio, que redunda  en  beneficio de quien  lo ejecuta,  directa o indirectamente. Ese beneficio es directo cuando el resultado de la labor deriva hacia el mismo productor, cuál sería el caso de un zapatero que confecciona un calzado  para  uso  propio  o de  su  familia;  es  indirecto cuando el trabajo es realizado para satisfacer necesidades  ajenas  al  productor,  en cuyo  caso  tiene  lugar lo que se da en llamar el enajenamiento o alienación del trabajo, que es típico de nuestro tiempo. Pero en ambos casos; el beneficiario es el realizador de la faena laboral, con la diferencia de que en el  segundo caso, en vez de recibir el trabajo mismo como recompensa, recibe  una  contraprestación  equivalente  de  parte  de la persona física o jurídica receptora  del trabajo.

La alienación del trabajo determina una relación esencial y fatal entre el trabajo mismo y su equivalente que ha de recibir el trabajador, denominado remuneración en su más amplio sentido, como hecho sociológico.  En el diccionario de Sociología de Pratt y Fairchild se lo define en  estos términos: Remuneración. Como concepto  general  sociológico,  cuantía  de  bienes  y servicios  valiosos  que  una  sociedad  permite recibir  a  cualquiera de sus  unidades  constituyente  en  pago de  su participación  en  el  total  proceso  social.  Por  ejemplo: los salarios  con  la  remuneración  de  los  obreros,  la renta la remuneración del  propietario  de  tierras,  el interés la  remuneración  del  capital ,  los  sueldos  la   remuneración de los gerentes y empleados y  los  beneficios  la  remuneración  de  los  propietarios  de empresas».

TRABAJO Y CONCEPCION DEL MUNDO

Toda metafísica supone una  concepción  del mundo o cosmovisión. Y es en esta  actitud amplia  y comprehensiva  que  adopta  el  filosofar  donde  nadie puede permanecer  indiferente,   porque   se  trata   nada menos que de enjuiciar la realidad, formular una estimativa, adelantar una opinión sobre  la realidad  en  que nos hallamos inmersos y de la cual dependemos en definitiva. Cada  cual,  conforme  su  experiencia,  su  cultura y su estructura mental y espiritual , al encarar la presencia de la totalidad del ser asume  una posición que se resuelve  en  un  juicio  de  valor,  favorable o desfavorable   según   las   íntimas  motivaciones   a   que  apela para fundar  un  criterio.  Hay una concepción  del  mundo  teñida  de  valoración   religiosa,  una  visión   artística o esteticista, y por último,  la  que se revela  en  el  pensamiento estrictamente: filosófico. La  concepción  filosófica tiene  su  órgano fundamentador  en   el   intelecto, la razón y la intuición. Se afirma en una postura teorética   o  cognoscitiva.

Partiendo  de  esta   posición   filosófica,   la  concepción del  mundo se expresa  en tres  direcciones:  el  naturalismo  o  materialismo,  que  considera  al   mundo  como una estructura causal -mecánica, y niega la  autonomía del espíritu frente a la naturaleza; el idealismo objetivo, que adscribe a  la  realidad  una  constelación de valores y fines trascendentes y reconoce una revelación divina; y el idealismo de la libertad, que también reconoce un Dios que es alfa y omega de cuanto cae en el dominio de la percepción y pensamiento del ser humano.

Para un credo materialista el trabajo ha de ser una pieza  más del grandioso y complicado engranaje de la realidad, promovido por puras fuerzas físicas, vitales y psíquicas, donde el espíritu, a lo sumo es una metáfora afortunada, simplemente una quimera o una hipóstasis voluntarista. Para las otras tendencias, el trabajo es una de las manifestaciones del espíritu creador del hombre, que da sentido y télesis a la conducta, que es expresión de libertad y a la vez un sendero abierto hacia esa  libertad  inmanente;  que  representa un valor personal, ético y social con un alto rango de dignidad y respetabilidad como atributo esencial mente humano y no como una fuente de energía que  se descubre  en el seno multiforme del  universo.

Por último la concepción del mundo  exige  una definición sobre la validez absoluta de su objeto, en el sentido de considerarlo como un bien  o como un  mal, es decir, si es el reino del bien o del mal. Entonces surgen  dos respuestas  radicales en el dictamen  de los filósofos y de hombres que  a su manera se enrolan en una valoración positiva o negativa: el optimismo ontológico y el pesimismo.  Aquel considera, con Leibnitz, que este mundo es bueno y el mejor de los mundos posibles; en tanto que éste, siguiendo a Schopenhauer y a Nietszche, atribuye en  este nuestro habitáculo la condición  de ser malo desde su raíz metafísica,

Consiguientemente, los unos encuentran en el trabajo   una  consistencia   negativa,  fuente  de  penurias  y sufrimientos; los otros le asignan una función  de  salvación y afirmación personalista y espiritualista al quehacer  humano,  al   empeño  fecundo   del   homo   faber. Sin faltar la  opinión  nihilista  e  indiferente,  que  ante la vida  y  sus  arcanos,  se  escudan  tras  el  escepticismo, el  practicismo  y  el  cinismo.

TRABAJO  Y  SOCIEDAD

Todo trabajo adopta una dirección individual  o subjetiva y una orientación  social  u  objetiva; aprovecha  a  quien  lo  rea l iza  y  de  rechazo  sirve también a los fines sociales de la persona. En cierto modo se puede considerar la sociedad como u a estructura dinamizada en el trabajo, un complejo de actividades que tienden a conservarla y aun fomentar su  plenitud  y perfeccionamiento.

Es  el  producto  del  trabajo  y  su  administración justa  y  correcta  la  fuente  de  las  posibilidades  de  que los componentes de la sociedad por encima o por debajo  de  un  mínimo de  bienestar,  cultura  y  decoro. Este nivel que levanta la  condición  humana  es  perfectamente  accesible  dentro  de   u n   sistema   social   fundado en la libertad  y  en  la  dignidad  del  trabajador.  Lo determinante es que  la  sociedad  se  halle  armónicamente   integrada   en   sus  factores   humanos,  que   se  dé a  cada  quien  aquello  que  le  corresponde,  practicándose la  justicia   distributiva   y  conmutativa;  que   las normas instituidas, de contenido ético y jurídico, sean respetadas y evolucionen pari passu con las necesidades  que se van creando al paso del tiempo y de la creciente complicación de las relaciones entre individuos y grupos; que el bien común sea el supremo valor a que apunten las directivas  de gobiernos y demás controles sociales; y por encima de todo ello, que insurja una conciencia social dispuesta  a dirimir  las controversias de intereses  o de  ideas,  en  el  podium  de  la  razón, la tolerancia y el amor. Todo lo cual admite ser reducido a una escueta proposición: la humanización del hombre para el bien, la justicia  y la libertad.

México D. F., noviembre de 1968.

Exposición realizada ante el Instituto Interamericano de estudios Sindicales.

 

 

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