La Semana Santa en la que el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, Supremo Dictador de la República del Paraguay, debía ser asesinado.

Las fechas en las que se recuerda y conmemora la Pasión de Cristo cambian cada año al determinarse éstas según el calendario lunar, es por ello, que fue un 01 de abril el viernes santo en el que debió ser asesinado el Dr. Francia, Dictador del Paraguay, por manos de una elite de conjurados entre los que se encontraban proceres de la Independencia Nacional. El año: 1820.

Entre los textos más conocidos sobre aquel acontecimiento se encuentra el libro “El Paraguay Independiente” de Efraim Cardozo, que relata lo siguiente: “Al compás de las medidas de rigor, el descontento cundía en las clases superiores. Los españoles estaban privados de todos sus derechos; la vieja aristocracia reducida a la impotencia, perseguida y empobrecida. Más que nadie, la clase militar, autora de la Revolución, se veía oprimida y vejada.

El ejercito estaba en manos de segundones oscuros. Los héroes de Paraguarí y Tacuarí ni siquiera tenían libertad de dedicarse a sus actividades particulares, obligados a vegetar en la inacción y en la oscuridad. En 1818, el Coronel Baltasar Vargas, emisario secreto del Director Supremo de las Provincias Unidas, Pueyrredón, que había concebido el plan de sojuzgar al Paraguay, después de enterarse de los informes de Manuel José de Olavarrieta, vecino de Asunción, estuvo en la capital y mantuvo contacto con los principales caudillos militares, ofreciéndoles la ayuda argentina para derribar al dictador. Vargas fue descubierto y metido en la cárcel, pero las reuniones de descontentos continuaron realizándose clandestinamente en Asunción. Fulgencio Yegros fue llamado por el Dr. Francia, de un establecimiento ganadero, e invitado a residir en la capital, para ser mejor vigilado. Los planes subversivos tomaron fuerza por tal motivo. Anónimos delataron al Dr. Francia la conspiración, pero éste no atinaba a tomar medidas contra la flor y nata de la sociedad paraguaya y los más prominentes jefes militares que aparecían complicados. Ya no vaciló, sin embargo, cuando uno de los conjurados, en el secreto de la confesión, descubrió los planes. El Viernes Santo de 1820 el dictador debía ser asesinado al salir por la tarde a dar su paseo de costumbre. El Capitán Montiel era el jefe del complot. Inmediatamente fueron apresados todos los sindicados, entre ellos los Yegros, Iturbe, Montiel, Aristegui y Acosta. Se habilitaron nuevas cárceles; las fraguas forjaron día y noche grillos y cadenas. La sombra cayó sobre Asunción.”

Retrato de José Gaspar de Francia hecho por Pablo Alborno en conmemoración del centenario de independecia en 1911.
Retrato de José Gaspar de Francia hecho por Pablo Alborno en conmemoración del centenario de independecia en 1911.

“Según testimonios, se compraron dos casas particulares (las de Alejandro García y Atanasio Chavarría) porque las cárceles ya no tenían lugar y se forjaron 300 pares de grillos. Es dudoso que tantos hubieran estado comprometidos; pero se aprovechó la ocasión de reprimir a los conspiradores y también a los descontentos en general” nos cuenta Guido Rodríguez Alcalá en su obra “Justicia Penal de Francia”, y prosigue; En febrero de 1820, la policía arrestó a varias personas al salir de una reunión de la casa de Marcos Baldovinos. No consiguió prender a Lizardo Bogarin, pero éste confesó al Padre Anastasio Gutiérrez su participación en un complot para eliminar al Dictador el viernes santo de aquel año. Como penitencia, el sacerdote le ordenó denunciar la conspiración al dictador, y entonces comenzaron los apresamientos de Baldovinos, los hermanos Montiel (directores del plan) y una cantidad considerable de personas.” “En cuanto a los procedimientos, Manuel Pesoa los considera expresión de la formación religioso-inquisitorial del dictador.”

Otra versión nos brinda Blas Garay en “Tres ensayos sobre historia del Paraguay”: “Bogarín, al confesarse en los últimos días de Cuaresma, reveló todo el plan al Fr. Anastasio Gutiérrez, que lo obligó a comunicarlo a Francia. Inmediatamente son encarcelados todos los cómplices y muchos que, sin serlo, eran señalados como tales por delatores que aprovechaban aquella ocasión para vengarse; pero Francia no se dio prisa en condenarlos, hasta que un acontecimiento inesperado precipitó el desenlace. Traicionado y vencido Artigas por su teniente Francisco Ramírez, buscó refugio en el Paraguay por setiembre de 1820. Ramírez, entre tanto, procuró conquistarse la amistad de Francia adulándole; y cuando vio que no se dejaba seducir, se dirigió despechado a sus enemigos, con quienes se puso en inteligencia. En 1821 cayó en manos del Dictador una carta escrita por aquél a Yegros, en la cual estaban citados los principales sujetos comprometidos. Y no esperó más: situó 2000 hombres en la Villa del Pilar para defenderse contra la invasión que el entrerriano anunciaba; suspendió los pasaportes para el extranjero; activó la instrucción de la causa contra los revolucionarios, sometiéndoles a crueles torturas para arrancarles confesiones que se resistían a hacer, y los condenó a muerte en sentencia que daba por probado el crimen de proponerse el asesinato de Francia para colocar el país bajo la dependencia de Buenos Aires”

Y así, un 17 de julio por la mañana de 1821 los primeros 8 presos se dirigieron a paso lento al lugar donde serían fusilados, entre ellos se encontraba Fulgencio Yegros.

Éstas y otras tantas consecuencias surgirían de aquella conspiración de 1820, en la que un grupo de personas, entre paraguayos, argentinos y españoles pretendieron realizar el primer magnicidio del Paraguay independiente, en un viernes santo como hoy.

Leandro Prieto Ruiz.