Un escultor de la naturaleza, de alto vuelo

Raúl Palacios Princigalli es, quizás, uno de los entrenadores de aves rapaces (cetrero) más conocidos del país. Su pasión por la naturaleza y las aves, lo llevaron a una crear una conexión más íntima gracias al arte, a la que llama: Glipto – Pintura.

En una cabaña de madera rodeado de árboles en una zona boscosa entre Limpio y Mariano Roque Alonso, vive Raúl junto a su familia y sus aves, enlazado a su musa: la naturaleza.

Es veterinario de profesión y administra una empresa de cetrería, que le dio popularidad a nivel nacional por su talento para entrenar halcones o águilas. Pero existe una faceta que se fue gestando desde su infancia y ahora empieza a tomar mejor forma, la de escultor.

Es autodidacta y no solo hace arte, sino que creó su propio estilo: la Glipto – Pintura.

Raúl le da vida actualmente a un Pájaro Campana y nos comenta que cada obra comienza con una investigación. Busca numerosas fotografías del animal que pretende, de todas las perspectivas. “Lo mío es un trabajo de investigación, primero en proporción, porque trabajo a escala real”, sostiene.

 

LA CREACIÓN

Para alcanzar el nivel más alto de realismo, hizo una ardua tarea solo para dar con el material adecuado, macilla epóxica artística y plastilina profesional de escultores.

Dependiendo de qué tipo de escultura trabaja, puede necesitar como mínimo entre tres y cinco moldes. “El Pájaro Campana necesita moldes diferentes, para las patas, una para cada ala y el cuerpo”, complementa.

Una vez extraídos del molde, luego de pasar por una cámara de vacío, que también lo hizo él mismo, se unen las piezas y se retoca para quedar lo más parecido a un ejemplar real, para luego proceder a darle color.

Raúl prepara hasta los ojos de sus esculturas, comenta que hizo una prueba de más de 60 piezas hasta alcanzar el realismo más alto.

GLIPTO – PINTURA

¿Pero qué es lo que diferencia a las obras de Raúl de las demás?

Además de los materiales de primera calidad que utiliza, su talento, sus obras tienen un agregado lo complementan: cada escultura es fijada a una base y cuenta con un fondo de cuadro inspirado en el hábitat natural de los animales que esculpe, lo que le da un efecto 3D.

“Glipto viene del latín glyptiki, que significa escultura”, nos explica. Sostiene que no hay ningún registro o antecedentes con este nombre, por lo que decidió que ese sería la denominación de su estilo el cual nació como tal apenas a mediados de este año.

“Mi técnica inició en mayo. Quería dar un fondo a mis esculturas, ahí probé, me gustó mucho y empecé a vender. Creo que es el estilo que me satisface, me gusta mucho la escultura y también pintar, pero en la connotación de la Glipto – pintura lo principal es la escultura y en segundo plano la pintura”.

Todas sus obras son a escala real y pretende que se mantengan así. “Una obra a escala real te va a llegar más. Mi temática es escala real, quiero que la gente pueda valorar lo que tenemos, lo que se está perdiendo con la deforestación. Uno no puede amar lo que no conoce”, exclama.

TALENTO DE EXPORTACIÓN

Sus obras ya tienen público en el exterior, pues consiguió vender tanto en Estados Unidos como en Europa.

Su primera escultura de adulto – porque durante su infancia también incursionó en el arte – fue un halcón murcielaguero. “Lo hice en porcelana fría. Mi esposa hizo un viaje a España y logró venderla, por 100 euros. Eso me motivó a seguir”, recuerda.

Como deseaba un alto nivel de realismo fue que se puso como tarea dar con el material perfecto, por lo que la porcelana fue reemplazada por los materiales que actualmente utiliza.

Su primera escultura actualmente forma parte de una colección privada en España. Dos galerías le hicieron encargos para poner a la venta sus obras de arte.

“Mi público está afuera, lastimosamente, pero me gustaría tener mi público acá, porque yo hago naturaleza nativa, me gustaría difundir”, nos dice.

A su criterio, a nivel local no ven lo que representa el verdadero trabajo de un artista, por ello no están dispuestos a pagar lo que realmente vale una obra como la que él trabaja con sus manos, aunque anhela poder posicionarse con sus esculturas en nuestro país.

ARTE CON MANOS DE NIÑO

Desde pequeño, Raúl descubrió el poder de sus manos para crear. Recuerda que su primera escultura la hizo en primaria, una cotorra de plastilina, que le obsequió a quien quizás fue la primera en notar su talento.

“Vio mi directora de primaria, le gustó y por eso le regalé. ‘Ya tenés algo de que vivir, no te vas a morir de hambre’ me dijo y eso se me fijó”, rememora.

Cuando tenía aproximadamente 12 años, decidió esculpir con arcilla, con una serie de obras también inspiradas animales. “Fue una cuestión de meses”, dice, pues trabajó con arcilla, material que una vez seco empezó a resquebrajarse, por lo que todos sus trabajos se echaron a perder. “Desde esa vez ya no hice nada, hasta ahora de adulto y casado”.

Su deseo de volver a esculpir renació hace unos cinco años, ya que ansiaba poder tener esculturas de sus aves, como apasionado de la cetrería y desde ahí no ha vuelto a parar.

En su cabaña, su hábitat familiar, mientras agrega detalles al Pájaro Campana, comenta que tiene la mirada puesta en dos concursos, los primeros en los que quiere participar, para poder difundir su forma de arte. “Lo que me importa es mostrar mis obras”, exclama.

CETRERO APASIONADO

La cetrería es el arte que caracterizó a Raúl durante varios años. “A los 16 años tuve mi primer halcón y nunca más paré. Veo a la cetrería como una forma de conectarme con la naturaleza. Es una relación muy fuerte con los halcones”.

Y ahora compara esa pasión con su nueva faceta de artista. “Como mis esculturas se integran al cuadro, como yo me integro a la naturaleza a través de la cetrería, hacer volar a un halcón, verlo volar a 300 metros de altura, es algo inexplicable”.

 

 

 

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