Estero Bellaco: un escenario para el arte con la historia tras bambalinas

En una ciudad hambrienta de arte, espacios como Estero Bellaco 302 son verdaderos refugios para la inspiración. Ubicado en el centro histórico de Asunción, la fábrica que tantos sueños vio desarrollarse desde el siglo XIX, guarda la rica historia del trabajo y la dedicación de una familia italiana que hoy son el sustrato para el desarrollo de la creatividad.

Desde hace unos años, una imponente fábrica textil ligada a la historia de Asunción reabrió sus puertas, pero esta vez con una nueva función, proporcionar un espacio para el arte, la cultura y la creatividad, con esa consigna se creó Estero Bellaco 302.

En las últimas décadas de 1800, la fábrica ubicada sobre la calle Guillermo Arias – a un costado del Hospital Militar – pertenecía a los hermanos Manzoni y producía velas que proveían de iluminación a las calles de Asunción, industria que se vino abajo con la llegada de la energía eléctrica.

“Mi bis abuelo Pietro Genovese, que llegó de Italia en 1897, siempre miró esa propiedad porque vivía en esa zona. Cuando vio que estaba en venta, no dudó en comprar para que él y su familia vivan ahí”, nos cuenta Tatiana Genovese, quien actualmente administra la fábrica de su familia.

El sitio fue reacondicionado para la industria textil y en él trabajaban los hijos de don Pietro. También funcionaba dentro una mercería y una carnicería, se llamó “La Nacional Genovese”.

Con el tiempo la fábrica fue mejor equipada y se profesionalizó la industria textil, el oficio de cabecera de Pietro Genovese. Fue así que nació la primera fábrica de hilados y tejidos en Asunción que gozó de una gran popularidad entre 1920 y 1980, década que los reveses económicos empezaron a hacer tambalear el negocio, por la falta de materia prima, entre otros factores.  “Todo esto está plasmado en cartas, que es legado de mi familia y la historia de la fábrica, que fui descubriendo en los archivos familiares”, nos comenta Tatiana.

La fábrica cerró sus puertas una vez más en su historia, esta vez en la década de los 80 y permaneció vacía hasta que en los 90, Pedro Genovese – padre de Tatiana – la tercera generación de los Genovese, decide comprarles las instalaciones a sus tíos abuelos para despertar de su sueño al negocio familiar.

“Restructura de otra forma para producir tejidos orgánicos, lienzos, también lonas, hilos, entre otros artículos de uso más cotidiano”, detalla. En esta nueva etapa, proveían materia prima a artesanos y negocios de Carapeguá para la fabricación de hamacas, también trabajaron con el Ministerio de Agricultura y Ganadería para las bolsas cosecheras, sacos de harina, de trigo, y productos similares.

Pero en el año 2002 nuevamente la escasez de materia dio un golpe fulminante a la fábrica de los Genovese. “Después de haberse cerrado 42 industrias textiles, él (Pedro Genovese) aguantó durante varios años, pero no consiguió reactivar la industria. Intentó mucho, visitó ministerios, gremios de campesinos, militó mucho para reactivar la industria del algodón, que muchas personas consideraban una lucha perdida por el cambio en la utilización de la tierra, ya que empezó el cultivo de la soja. Esto hizo que la industria textil se venga abajo”, relata.

En el 2002 nuevamente la fábrica cerraba sus puertas y permaneció en el silencio durante 15 años hasta el 2017, cuando Tatiana decide tomar las riendas de la propiedad, pero esta vez con una visión renovada.

“La idea no estaba muy clara, le pedí ayuda a una empresa asesora para la idea que quería desarrollar, quería saber si tenía cabida en este momento. Todos los asesoramientos salieron positivos”, sostiene, fue así que Estero Bellaco 302 se convirtió en un espacio cultural.

“Es un lugar con una historia muy rica, una identidad, una memoria. Viendo ese potencial empiezo a llevar este proyecto adelante, contra viento y marea porque nadie de mi entorno estaba de acuerdo en con usar la fábrica de esa manera”, nos dice Tatiana.

Destaca el trabajo de Juan Carlos Monges, quien se convirtió en su compañero, quien le ayudó a darle una nueva imagen al interior de la propiedad, rediseñando los espacios para que pueda convertirse en el sitio que soñana.

Tatiana Genovese, la visionaria detrás de Estero Bellaco.

“Así es como surge la primera propuesta de hacer un evento para una conocida marca de cerveza, una cena espectacular para sus amigos. Fue la primera vez que vi realizado mi sueño, el de la utilización de este espacio como me parece se que debería explorar más adelante. Fue todo un éxito” relata emocionada. Fue tal el impacto de este acontecimiento, que se repitió con un evento similar ese mismo año, 2017, que congregó a unas 1500 personas.

El siguiente año se enfocaron en una nueva arista del emprendimiento, explotar el sitio para proyectos audiovisuales, como comerciales de televisión, escenas de películas, sesiones de foto y modelaje mientras que en el 2019 la apuesta fue por el teatro, Estero Bellaco fue el escenario del Ciclo de Teatro Nacional. “Me pareció muy interesante, me embarqué con ellos para llevar adelante la iniciativa. Tuvo muy buen impacto en los medios y así se dio a conocer Estero Bellaco como un lugar cultural”.

“Hablando con otras personas del medio me di cuenta que faltaba un espacio como este para poder expresar libremente las ideas a través del arte, sin limitaciones en varios aspectos. Para mí fue una novedad esa energía nueva, rejuvenecedora, de la gente que viene a disfrutar del teatro, con todo el esfuerzo y la plata que gastan, no lo hacen por dinero, lo hacen por amor al arte y así me enamoré del teatro. A partir de ahí les di un espacio continuo para que sigan disponiendo del lugar”, complementa.

Para el 2020 la misión era enfocarse en las artes, ofreciendo un espacio para mercados de arte, para que se impartan clases, exhibición de obras, entre otras, pero la pandemia obligó a postergar esta idea.

Entonces, aprovechando el gran espacio de la fábrica, decidieron apostar por la gastronomía, con la realización de la “Semana Italiana”, que resultó ser otro gran éxito de Estero Bellaco. Esto abrió las puertas a eventos de comida mexicana también, consolidando al lugar como una vitrina de innovación.

Actualmente, Tatiana decidió hacer una pausa y se encuentra en la faena de buscar capital e inversores para continuar explotando su sueño “Yo estoy abierta, este lugar es para emprendedores, empresarios y visionarios”, finaliza.