El dinamismo democrático

Por: Miguel Ángel Montaner

En democracia los proyectos se transmiten por la persuasión, la convicción, y la seducción Tienen que persuadirnos racionalmente, convencernos, «llevarnos» hacia sus ideas y posiciones de manera importante y atractiva. El único método de transmisión efectivo es el debate con el objetivo de lograr la concertación ; el consenso –que no es la «unidad granítica»–, el máximo acuerdo posible en medio del normal desacuerdo.

El  debate democrático  exige escenarios, lugares donde realizarse. Los escenarios por excelencia son los «institucionales» de nuestras cámaras de diputados y senadores, que cuentan con todas las instalaciones para que el procedimiento del debate democrático se realice de manera eficaz.

Pero el debate debe extenderse a todos los ámbitos posibles: asambleas de partidos; de sindicatos; de gremios; juntas de vecinos; de todas las agrupaciones y conglomerados que quieran participar.

Nosotros somos un conglomerado que debate –debatimos– por Facebook (los más importantes líderes del mundo dialogan y se comprometen por las redes sociales, de manera virtual, pero de todas maneras debaten).

El único inconveniente es que últimamente no debatimos contenidos. Desperdiciamos las posibilidades democráticas que tiene su dinamismo,  se dirige siempre desde un conjunto de procedimientos y garantías legales a un conjunto de orientaciones y valores en los que nos podemos reconocer como paraguayos libres e iguales.

No podemos reducir a la democracia a un hecho de «puro procedimiento» por el cual «los muchos» adoptan decisiones por el simple voto mayoritario, desnaturalizado la regla de las mayorías, que sólo se debe aplicar cuando algún consenso es imposible.

Esto nos lleva históricamente –nos está  llevando– a la desmesura y a la ausencia de limites (Sócrates fue condenado a muerte por la votación de la «mayoría»).