Estilos de conducción

Por: Miguel Ángel Montaner

Solemos señalar la «falta de liderazgo» de algunos actores políticos. Sin embargo, la manera de manifestar las diversas tendencias partidarias nos indica que «eso» ya es mucho pedir.

En nuestro país el «caudillismo» como expresión peculiar de una forma de gobierno no se desvaneció con la férrea dictadura el 2 y 3 de febrero de 1989. La estructura mental de la relación de dominación característica del autoritarismo no ha desaparecido totalmente.

Tal vez esto siga ocurriendo porque los Partidos –y demás organizaciones políticas– no deliberan, y permiten que la «adhesión» sea más fuerte en torno a los hombres que a las ideas.

Una inexplicable, inmensa «necesidad de dirección y guía», hace que se reconozca en la palabra de algún jefe la voz de la organización.

Estamos tan descompuestos que éstas necesidades de dirección y guía, las encontramos mejor satisfechas con un patronazgo que con un liderazgo.

Es así que el ascenso en cualquier jerarquía política es más fácil con la existencia de un padrino dadivoso, al cual el militante se acoge –con promesas de fidelidad– en aras de promocionarse y disfrutar de unas gotas de las mieles del poder.