Perdemos seis años de nuestras vidas en el tráfico vehicular. Un monstruo que te devora el tiempo

Por: Leandro Prieto

Hace unos minutos tuve una conversación con un amigo que al referirse a una situación que dejó la pandemia, los famosos pendientes, me dijo: “hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo y las oportunidades”.

En cuanto a las palabras no hay adagio más sabio que el de ser dueños de nuestro silencio y no esclavos de nuestras palabras, apotegma difícil pero no imposible de aplicar, es cuestión de práctica y método.

Pero, ¿Qué pasa con el tiempo? Algo indiscutible es que la vida está formada de momentos y los momentos requieren de tiempo, si algo o alguien te quita ese tiempo, también te resta momentos y a la par, las oportunidades. La piedra angular en este esquema vendría a ser el tiempo, ergo momentos, oportunidades, vida.

Poco o nada, tanto autoridades como ciudadanos reflexionan sobre el punto, y por ende, mucho menos plantean políticas públicas para paliar esta pérdida de tiempo, de vida.

Comienzan épocas de elecciones municipales y las ofertas electorales pululan mas no la oferta política, el debate y/o la discusión sobre problemas claramente urgentes como fundamentales para la calidad de vida de un ser humano.

Se calcula que se pierde en promedio un mes al año atascados en el tráfico asunceno, lo que supone unos aproximadamente seis años de nuestra existencia. Este cálculo es realizado en base a la expectativa de vida en el Paraguay.

Perdemos seis valiosos e irrecuperables años de nuestra estadía terrenal a raíz de bólidos vehiculares e inconscientes, sean conductores, transeúntes, municipales, políticos o conductores, empresas públicas o privadas, construcciones etc.

Nadie va a devolverte esos 6 años y cuando la vida te vaya pareciendo corta, vas a preguntarte; ¿adónde fue todo ese tiempo?

¿Hasta hoy quien planteó una solución seria y acabada sobre esta problemática?

¿El Metrobús, el tren de cercanías?

A veces lo obvio es invisible por estar frente a nuestras narices, pero otras veces es porque estructuralmente las prioridades son otras.

Algunas preguntas que nos podrían ayudar:

¿Es realmente la autoridad política/municipal la única culpable del tráfico? O, aquellos que tapan las boca calles, no respetan las señales de tránsito, van zigzagueando con el celular en la mano mientras manejan (potenciales asesinos a la par), los que circulan por el carril rápido por ignorancia a la regla vial o porque les molestan sus iguales que van por la derecha como carril lento, también están los que por entretenerse con su celular no avanzan cuando el semáforo da luz verde…etc.… ¿Acaso, no son parte contributiva del fenómeno?

¿Sabe la gente que el Poder Judicial resuelve a favor de la importación de chatarras y de la circulación de las ya existentes como el caso de los ómnibus?

¿Qué tipo de privilegiada casta es la policía municipal que nunca se los ve trabajando? Tan solo en épocas festivas o en zonas neurálgicas donde se dedican a la extorsión. Ellos deberían velar día y noche por sus preceptos, pero la verdad es que nunca se los ve. Solo aparecen en épocas para recaudar o en zonas donde pueden extorsionar.

¿Qué concepto, diseño o visión tienen los candidatos de una ciudad que literalmente viene siendo masacrada por el contubernio municipal y alguno que otro capital privado aprovechador?

¿Qué tan poderosa puede ser esa fuerza que no permite el desarrollo de medios alternativos de transporte? En esta pregunta tampoco se puede descartar, como una de las respuestas, la propia cultura del paraguayo.

Asunción recibe alrededor de 600 mil vehículos diariamente de los más de 2.500.000 inscriptos en el Registro. ¿Qué solución puede plantearse ante esta invasión a la capital? ¿La descentralización efectiva no solo pública, si no también privada? ¿Medidas disuasivas como peajes o controles más estrictos por parte de la policía municipal?

Y, por último, ¿acaso sabemos los asuncenos que no somos ese voto pensante que vende la prensa? El asunceno tiene un voto conservador y mediocre. De eso se aprovechan los politiqueros.

Cuando el monstruo “tránsito” transita la ciudad, valga la redundancia, hay que tener un plan de contingencia.

¿Y qué mejor que estar organizados con una agenda por zonas, y no recorrer la capital de punta a punta como “correcaminos” despavoridos?

A su vez, nos vendría bien respetar las normas de circulación y ser más considerados con el otro. Utilizar otros medios de transporte como bicicleta o los servicios de transporte con conductor. Tener una visión ciudadana de una problemática que nos afecta a todos.

Algo un tanto difícil de pedir, ya como lo decía un finado amigo; “el paraguayo no se traslada, ni se transporta, se pasea. Y se pasea apoyando el brazo sobre la ventana del vehículo, curioseando todo a su alrededor sin atender verdaderamente la conducción, ni el tráfico”.